Las cimentaciones superficiales (zapatas y losas) se utilizan cuando el terreno resistente se encuentra a poca profundidad, generalmente menos de 2 metros. Las zapatas aisladas se emplean para soportar cargas puntuales de pilares, mientras que las zapatas corridas se utilizan bajo muros de carga. Las losas de cimentación se reservan para terrenos de baja capacidad portante o cuando se necesita una distribución uniforme de cargas, como en edificios con sótano.
Las cimentaciones profundas (pilotes y micropilotes) son necesarias cuando el estrato resistente está a más de 4-5 metros de profundidad o cuando el terreno superficial es muy deformable. Los pilotes pueden ser de hormigón armado prefabricado o ejecutados in situ, y transmiten las cargas por punta y por fuste. Los micropilotes, de menor diámetro, son ideales para obras de rehabilitación o en terrenos de difícil acceso, ya que su ejecución genera menos vibraciones.
El estudio geotécnico es el documento que determina el tipo de cimentación adecuado. Se realiza mediante sondeos del terreno a distintas profundidades y ensayos de laboratorio que determinan la capacidad portante, la compresibilidad y el nivel freático. Un estudio geotécnico cuesta entre 800 € y 2.500 € según la complejidad, pero es una inversión imprescindible: una cimentación mal proyectada puede comprometer la integridad de todo el edificio.
En zonas con arcillas expansivas o terrenos colapsables, es necesario adoptar medidas especiales: aumento de la profundidad de cimentación, empleo de pozos de cimentación o incluso sustitución del terreno. Asimismo, la presencia de nivel freático alto obliga a proyectar cimentaciones estancas o sistemas de drenaje que eviten empujes hidrostáticos sobre la estructura.