Los materiales de construcción sostenibles se caracterizan por su bajo impacto ambiental a lo largo de su ciclo de vida: extracción, fabricación, transporte, instalación, mantenimiento y reciclaje. Entre los más utilizados destacan la madera certificada (FSC o PEFC), el ladrillo de tierra cruda, el hormigón con áridos reciclados y los aislantes naturales como la celulosa, el corcho o la lana de oveja. Estos materiales no solo reducen la huella de carbono, sino que también mejoran el confort interior y la salubridad del edificio.
La eficiencia energética está regulada en España por el Documento Básico HE del CTE, que establece requisitos mínimos de demanda energética, eficiencia de las instalaciones térmicas e iluminación, y contribución de energías renovables. El certificado energético, obligatorio para toda vivienda que se venda o alquile, clasifica los edificios en una escala de la A (más eficiente) a la G (menos eficiente). Una vivienda con certificación A puede ahorrar hasta un 80% en la factura energética respecto a una de clase G.
La envolvente térmica es el factor más determinante en la eficiencia energética de un edificio. Un buen aislamiento en fachadas, cubierta y huecos puede reducir la demanda de calefacción y refrigeración entre un 40% y un 60%. Los puentes térmicos —puntos donde el aislamiento se interrumpe— son la principal fuente de pérdidas y de problemas de condensación, por lo que su tratamiento detallado en el proyecto es esencial.
Las instalaciones renovables (solar térmica, solar fotovoltaica, aerotermia, geotermia) son cada vez más rentables. La aerotermia, por ejemplo, permite reducir el consumo de calefacción entre un 50% y un 70% respecto a una caldera de gas, con una inversión que se amortiza en 5-8 años. La combinación de una buena envolvente con sistemas renovables eficientes es la base de los edificios de consumo casi nulo (NZEB), que serán el estándar obligatorio para todas las nuevas construcciones de uso residencial.