El cuadro general de distribución es el corazón de la instalación eléctrica de una vivienda. Debe incluir un interruptor general automático (IGA) de corte omnipolar con intensidad asignada según la potencia contratada, un interruptor de control de potencia (ICP) precintado por la compañía eléctrica, interruptores diferenciales (ID) de sensibilidad 30 mA para proteger los circuitos de contacto indirecto, y pequeños interruptores automáticos (PIA) para cada circuito. Un cuadro completo para una vivienda de 9,2 kW cuesta entre 550 € y 1.050 € instalado.
El dimensionado de los circuitos es fundamental para la seguridad. El REBT establece circuitos independientes para iluminación (cable 1,5 mm²), tomas de corriente de uso general (2,5 mm²), cocina y horno (6 mm²), lavadora y lavavajillas (2,5 mm²), y termo eléctrico o sistema de calefacción (sección según potencia). Cada circuito debe protegerse con su propio PIA de intensidad adecuada: 10A para iluminación, 16A para tomas generales, 25A para cocina y 20A para lavadora.
La puesta a tierra es un elemento de seguridad imprescindible. Consiste en una pica de acero cobrizado enterrada, conectada al arquetas de conexión y unidas mediante cable de cobre de 35 mm². La resistencia de tierra no debe superar 24 ohmios en instalaciones con diferenciales de 30 mA. Toda toma de corriente debe incluir contacto de tierra, y los circuitos de baños y zonas húmedas requieren una malla equipotencial que conecte todas las masas metálicas accesibles.
El boletín eléctrico o certificado de instalación es el documento que acredita que la instalación cumple el REBT. Debe ser emitido por un instalador electricista autorizado y presentarse a la empresa distribuidora para la conexión a la red. Para una vivienda nueva, el coste del boletín oscila entre 80 € y 150 €. La instalación debe revisarse cada 10 años en viviendas y cada 5 años en locales con pública concurrencia.